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El Monster salió a la venta a fines del 94, cuando ya estaba terminando la secundaria en un colegio miraflorino y mi álbum favorito, todavía, era el Achtung Baby. Este año, el monstruo cumple un cuarto de siglo, igual que las promociones escolares de mi generación –que me saturaron el feed con fotos de almuerzos de celebración en patios inmensos de colegios o restobares.

En realidad, para mí, solo existen dos celebraciones este año. La primera es que José María, mi hijo, cumple cuatro, ya sabe que es un niño grande y está aprendiendo a limpiarse el poto solo. La segunda es el cumple 25 del Monster, un disco que, como a tanta gente, nos hizo ver y escuchar a Berry, Buck, Mills y Stipe de otro modo, quizá más superficial al inicio, pero realmente diferente.

Los cuatro atenienses venían del Automatic for the People y, antes, del Out of Time, discos excelentes, tranquilos, reposados, nunca aburridos, pero sí aletargados. Cargados de duelo y desconcierto.

De pronto,al llegar a casa y colocar el CD mientras querías saber más del Chico Migraña, te encontrabas con los seis primeros temas del oso naranja. Kenneth, Eyeliner, Comedy, I Dream, 69 y Currencies. REM advertía –desde el arranque— que, si te encantaron su par de discos anteriores, definitivamente ahora no ibas a estar tan cómodo con ellos.

En el monstruo casi no hay armonías, sino guitarras saturadas de efectos –Thurston Moore es uno de los invitados en el disco—, una batería seca y relojeada, un bajo pesado, teclados juguetones con mucho protagonismo. REM estaba con la cabeza en otro lado y con  New Adventures in Hi Fi, su siguiente disco, lo dejarían claro. Y ni hablar del Up, el álbum del three-legged-dog.

En Monster, Stipe canta bastante diferente, más allá de que ya se le entienden bastante bien sus letras. Su fraseo ha ganado cancha y sabe eso. Los conciertos del Monster superan en energía a los de la anterior, la del Green, en la que Stipe se destapó como el showman que décadas después se devoró el Estadio Nacional en su única visita a Lima. Y eso es decir algo arriesgado.

El segundo lado del álbum descansa un poco y se pone más denso. El inicio con la hermosa Tongue es un gran acierto. Blame y Your Name se vinculan estructuralmente con el primer lado y funcionan muy bien al crear una sensación de unidad. Los tres últimos temas, Let Me In, Circus y You, redondean muy bien el tono del segundo lado. Un disco equilibrado, muy bien producido por la banda y el gigantesco Scott Litt.

Monster es uno de mis discos favoritos de REM, al ladito del Murmur -ya sé que exagero- y, a la distancia, aparece como uno redondo, con grandes composiciones, ejecuciones y producción.

Estoy esperando la nueva mezcla de Scott Litt para desmayarme.

Ojalá puedan acompañarme en la descompensación.