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Las cosas claras de arranque: estamos ante otro monstruo. Scott Litt ha vuelto a producir un disco nuevo de REM a partir de los masters análogos originales y ha logrado el mejor disco de los de Athens desde (sí, ya sé, ya sé) Adventures. Litt dejó de lado un sonido estandarizado por la experiencia de escucha y los resultados son notables. El productor y REM nos entregan un puñado de temas realmente notables, desde otra perspectiva, mucho más cruda, desnuda y que le hace más justicia a las composiciones.

Sabemos ya que Stipe, a partir del Green, fue uno de los más carismáticos frontmen del pop gringo. Ahora es abusivo. En esta nueva mezcla parece que cantara en tu habitación, solo para ti, salpicándote sudor y mostrándote su cicatriz de hernia, ahí justito al lado del parlante. Es más, en muchos de los temas Litt utiliza tomas vocales alternas que levantan mucho más tracks ya de por sí redondos en su remasterización de este año. Un ejemplo claro es Strange Currencies, un tema en el que Stipe confiesa haber tomado mucho de Micael Hutchence, el fenecido líder de INXS.

Tan solo al iniciar se puede sentir la propuesta de Litt. Kennethya no se sostiene sobre la Rickenbacker de Buck, una marca registrada de la banda de Athens. Ahora, el sonido acolchado de las Les Paul y los trémolos que Buck usa a discreción rápidamente le ceden espacio a lo que vendrá en este nuevo Monster: la predilección por la base rítmica. Berry y Mills suenan como nunca haciendo lo de siempre;Sin embargo, ahora sí, reciben la atención merecida de la producción. Muchas gracias, Scott Litt.

La base rítmica–el alma de cualquier tema pop— suena en esta nueva mezcla en primera línea, marcando el espíritu del nuevo álbum sin saturar ni desgarrar el recuerdo de 1994. Mills suena sólido y preciso, como siempre, pero con más protagonismo; y Berry parece un corazón de adicto a la sustancia de la preferencia de Ud., lector: a veces aletargado y sencillo; a veces a velocidad de colapso.

Otro punto a favor es el uso de tomas alternas, tanto en instrumentación como en voces, aunque en este último rubro las cosas son más notorias. Un ejemplo es CrushWithEyeliner, en el que, como ya mencioné,Buck se retrae para darle paso a Berry/Mills y comienza con un “La lalalala. La” de Stipe que te ubica en otro territorio; o los coros al final de King of Comedy, un tema en el cual Litt se transforma en el quinto REM, en el que las voces femeninas, infantiles y un Stipe juguetón cierran excelentemente una canción netamente de estudio.

Uno más es que el nuevo monstruo renuncia al ruido y reverb del álbum original. Este aspecto se nota claramente en Let me in –el tema dedicado a Kurt Cobain— en el cual la Stratocaster preferida por Cobain, donada a la bandapor la viuda, fue usada para grabar el tema y tocarla en vivo. En el nuevo monstruo, la voz de Stipe se superpone a la guitarra de Mills y los teclados Buck. Berry, en este tema, al parecer, se fue a tomar un café.

Definitivamente, una de las grandes protagonistas de este monstruo es la voz de Stipe. Su fraseo, al provenir de tomas alternas, es distinto al del 94. Y, como debía ser, el premio se lo vuelve a llevar Tongue, la pieza central del álbum, un arriesgado acercamiento al blue-eyed soul, ese género en el que gente blanca interpreta temas tradicionalmente tocados por negros para llevarlos a una mayor audiencia. Tongue es un tema bastante duro. Stipe lo califica de brutal. La letra narra la historia de una mujer que, a pesar de tener todas las herramientas para salir de una relación tóxica, que le hace un daño irreversible, no lo hace, confiada en la falacia del amor romántico. La dureza de la letra contrasta con las cuidadas melodías y ejecución de la banda. Realmente es una gran canción pop y muestra a una banda trabajando en el estudio.

Y eso es lo que, precisamente, hizo REM con este álbum. Según Litt, casi todo el álbum se grabó en vivo en una Studer de 24 canales y con monitores para los músicos para dar la impresión de estar tocando en vivo. Precisamente porque eso era lo que buscaba la banda. Luego de dos álbumes completamente acústicos y, para su carrera, experimentales, querían hacer uno con el que se pudieran divertir tocando en vivo, como en los 80 con Murmur, Fables, Pageant o Green.

Este Monsterse produjo para los adolescentes que lo amaron en el 94 y ahora prefieren bajarle al overdrive y obtener sonidos más claros; subir los medios para definir más claramente los detalles de la grabación, bajar los agudos y subir un poco más de lo normal los bajos. En el intento, los temas y escucha ganan como un 6 a 3, sea para quien sea.

El monstruo no está muerto, sigue vivo.