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La Revocatoria contra la alcaldesa Villarán y el Concejo Metropolitano de Lima se votó el último domingo. Todavía faltan algunos días para tener las cosas completamente claras, pero algunas cosas se pueden afirmar: Susana Villarán no será revocada; casi la totalidad de regidores de la coalición Fuerza Social y el regidor Luis Castañeda Pardo serán revocados y reemplazados por sus accesitarios; tendremos unas absurdas elecciones, en noviembre, para elegir a los reemplazos; y, luego, el próximo año, elecciones regulares.

Aunque, en este momento, se quiera relativizar la revocación de los regidores de FS declarando que lo principal era evitar la salida de Villarán, es difícil esquivar el fantasma de la derrota del NO.

Durante la campaña se enfatizó bastante el potencial daño que se le ocasionaría a las instituciones democráticas si la revocatoria de Villarán hubiese prosperado, en tanto respondía a intereses particulares que encubrían delitos de corrupción. ¿Acaso que casi todos los regidores democráticamente electos de FS y uno de Solidaridad Nacional/PPC sean revocados no es lo mismo? ¿No fueron ellos también elegidos en el mismo proceso que Villarán? Creo entender que detrás del argumento del slogan “40 veces NO” estaba, precisamente, la idea de proteger el voto emitido hace unos años y a la democracia.

Para explicar los resultados en cuanto a regidores se ha acudido a explicaciones como el “voto PPK”, que habría marcado NO para la alcaldía, SI para la columna de la izquierda de regidores (en la que se encontraban todos los de FS menos dos) y NO a la de la derecha (en la que estaban los del PPC); el caballo de Troya del PPC a FS al brindarle su apoyo en la campaña; o simplemente la influencia del voto en blanco. No lo sé.

Pero algo sí sé. Cuánto miedo se le tiene a cualquier cosa que se le empaquete al observador como de izquierdas. Y no lo digo porque piense que la gestión de Villarán sea una de izquierdas; al contrario: sí, es progresista, pero la veo más cercana a un liberalismo clásico.

Esta campaña por la revocatoria (como sucedió antes con la campaña por la alcaldía en el 2010 y la campaña presidencial de 2011) da viva cuenta de este terror colectivo que, en estos tiempos, se remonta a Sendero Luminoso y que, combinado con un discurso económico exitista, enerva sensibilidades y proyecta odios irracionales hacia todo lo que se sindique como “rojo”. Más aun, muestra qué tan redituable es presionar esas fobias. Es fácil, desde esta línea, entender la insistencia en vincular a Villarán con, por ejemplo, los conflictos mineros, Cajamarca y Gregorio Santos. O, como hizo Fabiola Morales, con el Movadef. O con Conare-Sutep. O, como la portada de Expreso de hoy, con Sendero Luminoso.

Yo sí considero un derrota esta revocatoria en el sentido de que las izquierdas han perdido terreno político. La portada de La República de hoy dice mucho: ¿quiénes rodean a Villarán? ¿Es en realidad un gobierno de concertación lo que la ciudad (ya no sólo Lima sino el país) necesita? ¿La Concertación chilena como ejemplo? ¿No es acaso, en chiquito, lo que pasa con el gobierno central sólo que con caras edulcoradas?

Una cosa que me preocupa de Villarán: anuncia que ejercerá un gobierno de ancha base. Lo dice porque convocará a diversos partidos y agrupaciones. Ancha base no significa acudir a la dirigencia de otros partidos; significa bajar a bases.

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