Se suponía que antes de llegar a esta lista iba a terminar con la anterior. A estas alturas ya no sé si concluiré alguna de ellas. Por eso decidí empezar de una vez con esta, la de los libros que durante el último año, diariamente, me hicieron dejar muy rezagada esa línea aceptable de dificultad auto-infligida que, con pasmosa normalidad, suelo alcanzar temprano en las mañanas.

Comienzo con dos libros que me fastidiaron por razones muy diferentes. Voy a intentar moderarme en la adjetivación y controlar un poco el mal humor. Cuando esto no sea posible, espero al menos generar un poco de simpatía, como cuando a Woodstock, el pájaro amigo de Snoopy, le entra una de esas rabietas que le hacen temblar hasta la última pluma entintada y dar de tumbos en el aire hasta acabar en el suelo.

Van un libro mediocre de crítica literaria; y un intercambio epistolar (que se cae a pedazos de puro artificial) entre dos de los más talentosos prosistas en lengua inglesa del siglo XX.

La verdad y la memoria: controversias en la imagen de Hildebrando Pérez Huarancca (Mark R. Cox)
Lima: Pasacalle, 2012

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Hildebrando Pérez Huarancca (HPH) no fue el más talentoso de los escritores que pasaron por Narración. Si alguien dice lo contrario, pues es un pésimo lector o simplemente busca algún fugaz nicho al interior de la famélica institución literaria peruana.

Al momento de abandonar la escritura por la lucha armada, entre los compañeros de HPH en el grupo Narración se contaban Miguel Gutiérrez Correa, Oswaldo Reynoso, Augusto Higa, Gregorio Martínez (por mencionar los nombres más reconocibles), todos ellos escritores clave para trazar un mapa de la narrativa peruana contemporánea. Todos ellos, también, unidos por una férrea convicción de izquierda, practicada durante una época bastante convulsa: los últimos años de la dictadura de Morales Bermúdez.

Sin embargo, HPH hizo lo que varios no: tomó las armas, fue miembro de Sendero Luminoso, desapareció. Ahí empieza, creo, la historia de HPH y la de este brevísimo ensayo de Mark R. Cox.

Empiezo diciendo que Los Ilegítimos, el único libro de HPH, está bien. Ni malo ni bueno. Bien. Si el narrador hubiese muerto anciano, tras sufridas décadas de carrera magisterial, alejado ya por completo de la escritura, dudo mucho que se estaría hablando de él fuera del ámbito judicial. El vínculo latente entre las armas y las letras puede ser fascinante, demasiado seductor.

El libro tiene una posición clara, aunque intenta matizarla. Para Cox, no hay pruebas suficientes, primero, para afirmar que HPH lideró (o siquiera estuvo presente en) la matanza de Lucanamarca; en segundo lugar, sostiene que tampoco es muy plausible asegurar que HPH fuera militante de SL antes del rescate de presos del CRAS de Huamanga en 1982. Para sostener estas arriesgadas afirmaciones, Cox echa mano de argumentos que sorprenden por lo débiles e improvisados.

Antes de seguir, me parece necesario hablar un poco de la carrera académica de Cox. Si bien no es un académico destacado, Cox tiene una carrera de varios años y textos publicados en la academia norteamericana. Su campo de especialidad es la literatura peruana contemporánea y, en ella, específicamente, la narrativa dedicada a la violencia política. Sin embargo, el trabajo de Cox no se ha caracterizado por su agudeza crítica ni rigurosidad. Sus textos más extensos corresponden a antologías de cuentos y ensayos sobre violencia política en el Perú que tienen el valor de apostar por escritores cuya presencia mediática no suele ser tan frecuente. Asimismo, es el compilador de una muy útil bibliografía sobre narrativa del conflicto armado interno, aparecida en el número 68 de la RCLL. Es decir, su trabajo puede ser mejor valorado como el de un facilitador más que como el de un observador crítico.

Hasta este punto no existe mayor problema. Las cosas se complican cuando se intenta pasar un texto sin solidez argumentativa como uno esclarecedor de malentendidos que se asumen generalizados. Sobre todo, en un asunto que implica deslindar culpabilidades en una de las matanzas más salvajes cometidas por Sendero Luminoso; y tomando en cuenta que quien escribe tiene años de experiencia en el manejo de la retórica.

Entre los argumentos más débiles están aquellos que provienen de la teoría literaria, campo que, se asume, debería manejar Cox. Según conviene a su argumentación, Cox recurre a las problematizaciones inherentes a los vínculos entre ficción y realidad; y las proyecta sobre la reelaboración narrativa de HPH, por ejemplo, en “Vísperas”, cuento de Lucho Nieto Degregori. En un momento, se critica la imagen de HPH en esta historia y se la descalifica, en tanto refleja la postura ideológica de Nieto, la cual deformaría el recuerdo acucioso de quienes conocieron al modelo del personaje de ficción.

Asimismo, para continuar con el alto grado de confusión frente a la identidad de HPH, Cox recapitula algunos episodios que considera relevantes para la difusión de las diversas historias sobre el paradero del senderista. La explicación más pueril es aquella que involucra al poeta Hildebrando Pérez Grande, quien, desde París, habría firmado una entrevista únicamente con su primer apellido, generando la leyenda de la presencia de HPH en Francia.

El principal testimonio para señalar a HPH como líder del destacamento de SL que atacó Lucanamarca es el Informe Final de la CVR. Cox desautoriza este y otros documentos previos en tanto estarían basados en una misma y única entrevista a un individuo que no estuvo presente en Lucanamarca. No obstante, él mismo usa una estrategia bastante más cuestionable al apelar a la opinión del escritor Dante Castro para deslizar la hipótesis de que HPH no era militante de SL hasta el rescate de presos del CRAS en 1982, penal al que habría llegado por una confusión. Según esta hipótesis, tras la operación, HPH no habría tenido otra opción más que unirse a SL (35 – 36).

Sin embargo, el argumento más incoherente es aquel que señala la inocencia de HPH en tanto su nombre no figura en ningún documento de SL al respecto. Es, por lo menos, curioso que Cox utilice la ausencia de HPH en documentación del PCP – SL sobre el caso como información relevante para desbaratar su culpabilidad.

Incluso pasando por alto los riesgos de la hipótesis desde la que parte, es imposible no sentir un disgusto frente a este libro de Cox. Mi problema con él no es uno ideológico, es uno de método. El libro ha sido publicado hace menos de un año en el Perú. Como pasa con frecuencia, las editoriales no cuentan con un comité de lectores especialistas que recomienden o rechacen la publicación. De este modo, la labor editorial muchas veces queda reducida a ofrecer un servicio de impresión. En el caso de ficción es grave; en crítica o ensayo, imperdonable.

Por su extensión, La verdad y la memoria podría haber sido enviado para publicación en cualquier peer-reviewed journal; no obstante, dudo mucho que alguien hubiese recomendado su publicación. Al menos yo no lo habría hecho.

***

Me extendí y ya no tengo ganas de seguir con el otro libro. En unos días lo haré.

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