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Corría 1982 cuando se editó Chronic Town, el EP debut de REM, y yo tenía cuatro o cinco años. En 1991 –segundo de secundaria, 13 años y devoto seguidor de los Pistols y The Clash– la banda sacó a la venta Out of Time, el que sería el álbum que les daría reconocimiento popular fuera de la unión americana, y pude escucharlos, como medio mundo, por primera vez. En verdad, este álbum nunca fue uno de mis favoritos, no sé por qué, ya que hay temas imprescindibles –Half a World Away, Country Feedback, Texarkana–. Sin embargo, y aquí empieza a cobrar sentido el título allá arriba, fue con Automatic for the People (1992) que me propuse escucharlos seriamente.

Out of Time y Automatic for the People, con su base eminentemente acústica y folk, le dieron a REM fama mundial, pero también los estigmatizaron como una banda reposada, poseedora de un talento enorme para la melodía pop, pero sin mucha fuerza. A esto se le tendria que añadir la imagen pública que Michael Stipe asumió a partir de los 90, pasando de ser un frontman tímido y huraño que balbuceaba sus elaboradas letras, a ser algo así como el hermano perdido, pero con más clase, de Bono. En resumen, REM no era, para mucha gente, una banda de rock, sino tan sólo a bunch of liberal airheads.

Durante esos años, en Lima era muy difícil, prácticamente imposible, conseguir los discos de la primera etapa de la banda, grabados para IRS. Por ello, no fue hasta algunos años después –segunda mitad de los 90, Fujimori dictador, universidad y noviecita–, que pude acercarme a las primeras grabaciones de REM. No recuerdo el orden en que las obtuve, pero sí claramente cuando me senté a escuchar Murmur, su primer álbum, grabado en 1983 en el sur del país, en su Athens, GA natal. Murmur, el disco que le cierra la boca a cualquier detractor de la banda.

El disco comienza con una genialidad, Radio Free Europe en una versión que carece de la intensidad y fuerza del single original –una pieza de coleccionista, pero que se puede oír en Eponymous (1987), su primer recopilatorio–, pero a la que Stipe, con sus balbuceos, le añade la chispa que en la primera versión reposaba en la velocidad. Luego siguen once irrefutables temas que van desde tracks que invitan a saltar como un desaforado (Sitting Still, 9-9, Catapult: en estas, el trabajo de guitarras de Peter Buck, si bien no es el de un virtuoso, aporta su propia versión del DIY, pensamiento guía de la estética punk en la que la banda se formó); bailar sin tener una gota de alcohol en el cuerpo (Radio Free Europe, Laughing, Shaking Through: inevitable sentir nostalgia por la precisión de Bill Berry en la batería); sentarse a adivinar, con los estados ligeramente alterados, qué diablos dice Stipe encima de melodías muy bien trabajadas (Perfect Circle, Talk About the Passion), en las que se tiene que agradecer infinitamente a la segunda voz de Mike Mills. En general, en Murmur se siente a una banda con mucho talento, con un sonido maduro y definido, y que, sobre todo, la está pasando bien en el estudio.

El año pasado el álbum cumplió 25 años y IRS sacó a la venta una edición conmemorativa (lo mínimo que se merece un álbum tan sólido y básico para la evolución del rock as we know it). Se incluyó la mezcla original (lo cual siempre se agradece: ¿en qué mierda piensa la gente que quiere remasterizarlo todo?) y un disco extra que es de escucha obligatoria para quienes olvidan que REM fue, es y será –esencialmente– una banda de rock: un concierto de 1983 en Toronto en el que muestran toda la fuerza y entusiasmo de esos años iniciales y en el que aparecen temas de Chronic Town (la imprescindible Gardening at Night, 1,000,000, Carnival of Sorts (Box Cars)); algunos que serían grabados posteriormente, en 1984, para Reckoning (Harborcoat, 7 Chinese Bros.); y un cover de The Velvet Underground (There she goes again), último vínculo con sus inicios como banda de bares. Y si esto no es suficiente para reconocer ese filón injustamente soslayado de REM (un gran amigo una vez me dijo “No jodas, Ferna, REM no puede tocar The Passenger: les faltan huevos”), pues el año pasado también salió su último álbum, Accelerate, en el cual se acordaron de lo que hacían en los 80, especialmente en temas como These Days y I Believe incluidos en Life’s Rich Pageant (1986).

Van Radio Free Europe en su debut en TV nacional con Letterman y una excelente versión de mi tema favorito de REM, I Believe.


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